* * *
Las entrevistas siempre me han dado pánico. No importa que sea para
fregar el piso de una droguería, para cortar sándwiches, o para la beca de la
Caixa. Me empiezan a sudar las manos y mi mente anticipa todas las tonterías
inapropiadas que podría decir.
-¿Te gusta el cine? –me preguntó Eric Mendelsohn en el pasillo de
entrada a la sala de entrevistas. Eric es uno de los profesores del
departamento de cine que coordina el proceso de admisión de futuros alumnos. Me
pareció un hombre atractivo y simpático con cierto parecido a John Malkovich, con
ojeras, un poco cansado y sosteniendo en su mano un café de Starbucks.
-Sí, creo, bueno…en realidad me gusta la vida –contesté.
-Entonces no tienes porqué estar nerviosa, todos estamos en el mismo
barco –añadió mientras me invitaba a entrar en la sala de entrevistas.
-¿Por qué quieres venir a Columbia? –preguntó cuando ya estábamos en la
sala. Mi trasero estaba hundido en el mullido cojín de la silla y me sentía
como una niña de parvulario.
-Me gustaría aprender a narrar historias con complejidad moral –contesté
achicando la boca como una conchita de mar. Esas dos palabras las leí en algún
lugar y se me quedaron: complejidad
moral. –Historias con personajes ambiguos, que se debaten entre el bien y el
mal. Quiero aprender a escribir historias con personas así, que lo hacen mal,
que se equivocan y que a veces son un poco ridículos, pero siempre, siempre lo
hacen lo que mejor que pueden. A veces somos un poco torpes los humanos ¿no?
0 comentarios :
Publicar un comentario