Howard se cambió la cartera de la mano derecha a la izquierda y abrió la puerta. Volvía a ser el abogado que simplificaba un caso complicado para un cliente desesperado y obtuso que no aceptaba su consejo.
-Es verdad que los hombres...son sensibles a la belleza como realidad física en el mundo...y eso es algo que les condiciona e infantiliza...pero es la realidad...no sé de qué otro modo explicar lo que...
-Vete de mi lado.
-Está bien.
-No me interesan tus teorías estéticas. Guárdatelas para Claire. Ella las adora.
-No estaba exponiéndote una teoría.
-¿Tú crees que existe un noséquécoño filosófico que explica por qué no puedes mantener la polla dentro del pantalón? Tú no eres Rembrandt, Howard. Y no te hagas ilusiones, cariño, que yo también miro a los chicos. Veo chicos guapos todos los días de la semana y pienso en sus pollas y en como estarán en cueros...
-Estás realmente procaz.
-Pero yo soy una persona adulta, Howard. Y he elegido mi vida. Creí que tú también la habías elegido. Aunque, por lo visto, aún andas a la caza de chochos.
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