Me enamoré de él y me mordió y me pegó muchas veces.
Así que cada vez que notaba el espectro humeante, yo me revenía como una habichuela seca.
La ayuda tardó en llegar y, para ese momento, yo ya había perdido toda la credibilidad. Era como un muñeco ventrílocuo desencajado y mal pintado.
Es un regalo poder desordenarse cuando crees que tienes el mundo controlado.
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